Vino y agua: dos inseparables

Una copa de agua al lado de la copa de vino, que estén dispuestas una al lado de la otra no es casual. Las razones van más allá del protocolo y la buena mesa. Desde la viticultura hasta el momento en que degustamos un buen vino, el agua tiene un espacio fundamental que no hay que desconocer.



Los vinos más importantes del mundo tienen una conexión vital con el agua del cual se alimentan, ese es el caso del riesling, los vinos del Loira y el Ródano, por ejemplo.


El riesling es un vino blanco del cual su sabor, cuerpo y aroma están marcados por su terroir y la uva que se cultiva en La Rheingau (región del Rhin). En esta zona sur y soleada de Alemania, las vides y la tierra se alimentan de uno de los ríos más importantes de Europa, dando como resultado final, un vino con marcada acidez, aromas florales, notas cítricas y toques de sabor a manzana (1).


La tercera región vinícola de Francia (Valle del Loira), posee una gran variedad de vides que se alimentan del río Loira, principal río francés, y que destacan por una alta acidez que subraya los sabores frescos de vinos jóvenes. En esta región existen muchas elaboraciones que se pueden clasificar según la zona de este extenso valle (Superior, Media, Inferior): blancos secos, semisecos (tendres), semidulces (moelleux), rosados, tintos, dulces y espumosos (2). Todos y cada uno, marcados por el río que los acompaña.


En Chile existen diversos valles que son alimentados por importantes ríos, como por ejemplo, el Valle del Aconcagua o el Valle de Itata.


El río Aconcagua nace en la cordillera a más de 7000 mts de altura y desemboca en el Océano Pacífico. Los suelos donde se cultivan las vides, se caracterizan por ser arenosos y pedregosos, con sedimentos fluviales ricos en minerales y material orgánico (3). En el caso del Valle de Itata, son dos cursos de agua que alimentan la zona: el río Itata y el río Ñuble. Sus suelos también se caracterizan por ser arenosos y ricos en minerales, permitiendo una gran productividad de vinos de alta calidad (3).


Ya cuando el vino está en la mesa, nuevamente el agua cumple una función importante. En el caso de las catas de vino, la copa de agua es fundamental para pasar de un vino a otro, con ella es posible limpiar la boca y pasar a la copa siguiente sin tener rastros de sabores del vino anterior (4).


En ese mismo sentido, al compartir más de una botella de vino con familia y amigos/as, siempre será recomendable dejar agua filtrada en la mesa para pasar de un vino a otro, más aún si se cambia de cepa o etiqueta. Así no se confundirán los nuevos sabores en boca. Además, es importante tener en cuenta, que cuando se bebe cualquier tipo de bebida alcohólica, el cuerpo pierde agua y los minerales que ésta posee. Esto se debe a que el consumo de alcohol inhibe la producción de la hormona antidiurética y la producción de orina aumenta, lo que provoca deshidratación.


Es por esto que, beber una copa de vino y beber una copa de agua, no sólo ayudará a que puedas disfrutar mejor de los sabores y aromas que cada vino tiene, sino que también, evitarás deshidratarte.


FUENTES

  1. “Los vinos que nacen del Rhin” Oitsa, Luxury Travel Experience

  2. The Encyclopedic Atlas of Wine, C. Fallis (2006)

  3. Las viñas más lindas del país” Trekking Chile

  4. “El agua, la gran aliada del vino” Saboreando Canarias